Cómo funciona cada una
Vitrocerámica (radiante). Debajo del cristal hay resistencias que se ponen al rojo. Calientan el cristal y el cristal calienta la sartén. Parte del calor se queda en la placa y en el aire.
Inducción. Debajo del cristal hay bobinas que crean un campo magnético. Ese campo calienta directamente el fondo del recipiente, que tiene que ser de un material magnético. El cristal apenas se calienta, salvo por el contacto con la sartén.
Por eso la inducción desperdicia menos calor: Según Repsol, una placa de inducción consume menos energía que una vitrocerámica para la misma tarea, porque calienta directamente el recipiente en lugar de calentar primero la superficie de la placa[1].
Cuánto supone la cocina en tu factura
Antes de hacer cuentas sobre el ahorro, calcula cuánto gastas cocinando. La fórmula es la de cualquier aparato:
kWh al mes = potencia media usada (kW) × horas al día × días
Coste = kWh × precio de la energía (€/kWh)
Por ejemplo, si cocinas una hora al día con una potencia media de 1,5 kW (la placa no va siempre al máximo), gastas 1,5 kWh al día y unos 45 kWh al mes. A 0,15 €/kWh son 6,75 € al mes.
Es un ejemplo: tu consumo puede ser muy distinto. Para medir el tuyo, lo más fiable es comparar tu consumo por horas en los momentos en que cocinas con los de un día en que no lo haces.
Cuánto ahorrarías cambiando
No hay una cifra única de ahorro: depende de los recipientes, de cómo cocines y de los dos modelos que compares. Lo útil es ver cuánto vale cada punto de ahorro con tu consumo.
Con el ejemplo anterior (45 kWh al mes), cada 10 % de ahorro son 4,5 kWh al mes, unos 0,68 € al mes o 8,10 € al año a 0,15 €/kWh.
Ahorro anual = kWh de cocina al año × % de ahorro × precio (€/kWh)
Años para amortizar = precio de la placa nueva ÷ ahorro anual
Si la placa nueva te cuesta 300 € y consiguieras ahorrar un 20 % sobre esos 45 kWh al mes, ahorrarías 16,20 € al año: tardarías unos 18 años en recuperar el dinero. Si además tienes que cambiar sartenes y ollas, más aún.
Cuándo sí compensa
- Cuando la vitrocerámica se estropea o vas a reformar la cocina. Entonces la comparación es entre dos placas nuevas, y la diferencia de precio es lo que tienes que amortizar.
- Si cocinas mucho, porque el ahorro crece con los kWh.
- Por otras razones que no son el consumo: la inducción calienta más rápido, el cristal se ensucia menos porque no se quema la comida derramada y es más fácil de limpiar.
Cosas a tener en cuenta
- Los recipientes. En inducción solo funcionan los que tienen base magnética. Una prueba sencilla: si un imán se pega al fondo, sirve.
- La potencia contratada. Una placa con varios fuegos al máximo puede pedir mucha potencia. Muchos modelos permiten limitar la potencia total; si saltan los plomos al cocinar con el horno encendido, revisa la guía sobre qué potencia contratar.
- La tapa. Cocinar con tapa y ajustar el fuego al tamaño del recipiente ahorra con cualquier placa.
Y el gas
Si cocinas con gas, la comparación cambia: depende del precio del kWh de gas frente al de la electricidad y del rendimiento de cada placa. Y si el gas solo lo usas para cocinar, mira cuánto pagas de término fijo en tu factura de gas: si lo das de baja al pasar a inducción, ese importe también se ahorra.